Michael
—¿Me has llamado a tu despacho pasada la medianoche solo para cuestionar mis transferencias en el extranjero, Dimitri? —preguntó Enzo, de pie en el centro del estudio de mi padre con los brazos cruzados sobre el pecho.
Me mantuve en silencio cerca de las pesadas estanterías de madera, con la espalda recta, observando a los dos hombres. Mi padre por fin me había permitido entrar en la habitación para este enfrentamiento, pero su orden antes de entrar había sido absoluta: *Quédate atrás,