Ethan y Afrodita avanzaban lentamente por el paisaje de cristales, sus pasos resonando con ecos que parecían extenderse al infinito. El aire era denso, cargado de una energía que vibraba con cada inhalación. Cada cristal bajo sus pies emitía una luz que parecía pulsar al ritmo de sus propios corazones, como si el lugar estuviera vivo y atento a cada movimiento. La voz que los había recibido se había desvanecido, pero el eco de sus palabras aún resonaba en sus mentes: "Tus pruebas comienzan aquí