El corredor que Ethan y Afrodita atravesaban parecía cambiar con cada paso, como si el propio espacio respondiera a su presencia. Las luces y sombras que danzaban a su alrededor se fusionaban en formas fugaces: rostros, figuras etéreas, fragmentos de recuerdos que parecían susurrar secretos incomprensibles. El silencio era denso, roto solo por el eco de sus pasos.
Afrodita mantenía su mirada fija en el camino frente a ellos, pero de vez en cuando observaba a Ethan de reojo. Su expresión serena