El cielo se teñía de un gris oscuro que avanzaba con una rapidez antinatural, como si la tormenta hubiera sido convocada por algo más que la naturaleza. Los truenos resonaban en la distancia, su eco rebotando entre las montañas y llenando el aire con un aura de inminente peligro. Cada paso hacia el Fragmento hacía que el ambiente se volviera más opresivo, cargado de una energía que no pertenecía a este mundo.
Kael permanecía en el centro de su campamento, su figura destacando contra la penumbra