La habitación estaba envuelta en penumbra, iluminada solo por un fuego tenue que chisporroteaba en el centro de una amplia sala de piedra. Las paredes, cubiertas de inscripciones y símbolos antiguos, parecían pulsar con una energía oscura que resonaba en el aire.
Kael estaba sentado en un trono tallado en roca negra, con un Fragmento brillando débilmente en la palma de su mano. Sus ojos, dos pozos profundos de malicia e intensidad, observaban la luz danzante mientras sus pensamientos giraban en