Las montañas de Machu Picchu se alzaban imponentes bajo un cielo cargado de nubes grises. El viento rugía con fuerza, azotando los acantilados y susurrando entre las piedras como si la misma tierra tratara de advertirles sobre lo que estaba por venir. Las sombras de la noche anterior aún parecían acechar a Ethan, Afrodita, Poseidón y Lyros mientras avanzaban por un estrecho sendero que serpenteaba hacia un destino desconocido.
Ethan caminaba al frente, con los hombros tensos y el rostro sombrío