El apagón en el templo no fue solo una ausencia de luz; fue como si el lugar se hubiera tragado todos los sonidos y sentidos, dejando al grupo suspendido en un abismo de vacío. Ethan se tambaleó, apretando el Orbe contra su pecho mientras Afrodita lo sostenía, su propia respiración agitada resonando en el silencio.
—¡Hércules! ¿Dónde estás? —gritó Afrodita, el eco de su voz reverberando como si el espacio se hubiera expandido infinitamente.
—¡Aquí! —respondió la voz del semidiós desde algún lug