El aire en Machu Picchu tembló con una energía oscura y opresiva, intensificada por la figura que emergió de las sombras: Erebo. Su presencia, inesperada, envió una ola de desconcierto a través de los mestizos. Aunque Kael les había contado sobre su separación de Poseidón y los rumores de la batalla en el Olimpo, nadie imaginaba ver a Erebo allí, y mucho menos con un semblante tan marcado por la lucha.
Erebo, cubierto de heridas aún frescas y con una mirada perdida, avanzó lentamente hacia Cron