El campo de batalla en Machu Picchu respiraba en un ritmo extraño, como si el tiempo se hubiera detenido por un instante. La brisa llevaba consigo ecos de gritos y rugidos que aún flotaban en el aire, pero en el centro del caos, Ethan y los mestizos permanecían inmóviles, unificados por una fuerza intangible.
Ethan sentía el peso del Orbe en su pecho, no como una carga, sino como una verdad que lo conectaba con cada uno de los que lo rodeaban. A su izquierda, Kieran ajustaba su espada de luz, s