El resplandor del portal los envolvió, desdibujando la realidad con un destello que parecía eterno. Afrodita y Ethan sintieron cómo sus cuerpos eran transportados más allá del tiempo y el espacio, mientras una energía intensa y primigenia los atravesaba. Cuando la luz comenzó a desvanecerse, sus pies tocaron un suelo firme, pero el aire seguía vibrando, cargado de una sensación de expectación inquebrantable.
Frente a ellos se encontraba la sala circular, vastísima y desafiante, como si fuera el