Mundo ficciónIniciar sesiónAria guardó el teléfono de Alistair en su bolso de seda con dedos temblorosos.
Miró el cuerpo inerte de su ex prometido sobre la cama, la soberbia que lo hacía parecer intocable se había disuelto en una mueca de estupor químico.
Lamentó no tener tiempo para regodearse.
Se acercó al ventanal de la suite, el balcón daba a una de las cornisas decorativas de la mansión Valmont.
Abajo, en el jard&iacu







