Mundo ficciónIniciar sesiónLa silueta que bloqueaba la salida no era la de un sicario, pero resultaba igual de letal.
Alistair Caldwell permanecía bajo la lluvia ácida de los Hamptons, con un paraguas negro que apenas cubría su arrogancia.
Su mirada se clavó en Aria, ignorando por un segundo a Killian, quien mantenía el arma firme, su dedo índice acariciaba el gatillo con una ansiedad peligrosa.
— Vaya, Aria... Siempre tuviste talento para los finales







