Mundo ficciónIniciar sesiónEl salón de la mansión en Long Island olía a salitre, tabaco caro y a esa anticipación eléctrica que precede a una ejecución, Killian sentía el peso del arma cromada en su palma como si sostuviera un trozo de meteorito, frío, denso y ajeno a la vida.
Frente a él, arrodillado y sollozando, estaba Arthur Miller, el contable de los Vanderbilt, un hombre que solo sabía de números y que ahora se enfrentaba al vac&i







