Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 2
Negué con la cabeza, apretando los dedos contra el collar intentando protegerlo.
—No puedo. Es importante para mí. Me recuerda a mis padres.
Mi suegra soltó una risa fría y despectiva.
—¿Qué te recuerda? ¿Lo fracasado que era tu padre y lo inútil que terminó siendo tu madre?
Esas palabras me golpearon como una bofetada. Sentí que las lágrimas se acumulaban en mis ojos y miré a Daniel, suplicante.
—Por favor, Daniel...
Por un segundo, vi que dudaba, pensé que me defendería.
—Noelia, yo te conseguiré una joya mejor —dijo finalmente, tomándola de la mano con suavidad—. Esta no debe ser tan valiosa si los bancos ni siquiera se interesaron por ella.
Noelia cambió de expresión al instante. Sus ojos se llenaron de lágrimas falsas y su voz se volvió temblorosa, interpretando a la perfección el papel de víctima.
—¡La quiero! La he buscado durante años... ¿Crees que no la merezco, Daniel?
Él se acercó a mí con rabia. Sin decir una palabra, me arrancó el collar del cuello de un tirón violento. La cadena me rasgó la piel y sentí un hilo caliente de sangre deslizarse por mi clavícula.
—No necesitas esto —gruñó—. Te he comprado joyas mucho más valiosas. No hagas un espectáculo infantil.
Con una sonrisa satisfecha, colocó el collar en el cuello de Noelia. Ella me miró con arrogancia triunfante, acariciando la joya.
—No sé por qué sigues con ese monstruo —comentó mi suegra, agarrando del brazo a Noelia con cariño—. Eres demasiado bueno, hijo mío.
No pude soportarlo más. Me di la vuelta y salí corriendo hacia el jardín, con la visión nublada por las lágrimas. Estaba exhausta. Cansada de las humillaciones constantes, de sentir que no valía nada para ellos.
Sali al jardín para tomar un poco de aire, minutos después, escuché pasos detrás de mí.
Noelia se acercó con los brazos cruzados y una sonrisa venenosa.
—¿Por qué no lo dejas de una vez? Daniel merece a una mujer como yo: hermosa, elegante, de una familia de elite. Tú solo te metiste entre nosotros.
Negué con la cabeza, sintiendo un nudo en la garganta.
—Díselo a él —respondí con voz baja pero firme—. Si me da el divorcio, me iré lejos. No quiero seguir aquí.
Me cansé de quedarme a su lado. Aunque no sabía qué haría con mi vida ni adónde iría, solo quería buscar mi propia felicidad.
—Lamentablemente, no lo hará —dijo Noelia con una sonrisa fría—. Su abuelo te adora, y gracias a ese cariño, Daniel planea quedarse con el control total del corporativo.
Sus palabras confirmaron lo que ya sospechaba: se veían en secreto. Ella sabía mucho más de los planes de Daniel que yo, su propia esposa.
—¡¿Entonces qué es lo que quieres?! —levanté la voz, exhausta de sus insinuaciones venenosas.
—Mátate —respondió con una sonrisa serena, casi dulce—. No tienes nada. Tu familia está muerta. Tu esposo no te quiere y das asco. Hazle un favor a la humanidad… y especialmente a Daniel. Mátate.
La miré incrédula. El cinismo en su voz me heló la sangre.
—Estás loca. Aléjate de mí.
Fuera de sí, Noelia me agarró del brazo con fuerza, clavándome las uñas, y me miró con un odio aterrador.
—Si no lo haces tú… lo haré yo.
Intentó empujarme con violencia hacia la gran fuente de piedra del jardín. Me solté desesperada y la empujé con todas mis fuerzas. Ella cayó al suelo con un grito.
—¡¿Qué pasa aquí?! —rugió Daniel.
La familia entera salió corriendo al jardín. Noelia se quedó en el suelo, lloriqueando de forma teatral, mientras yo permanecía paralizada.
—Ella… ella intentó matarme —balbuceé, aún en shock.
Noelia levantó la cabeza, con lágrimas falsas rodando por sus mejillas.
—Me golpeó —sollozó—. Solo vine a decirle que no quería problemas y que le devolvería el collar… ¡Pero me pegó y amenazó con matarme!
Negué con la cabeza, desesperada, buscando la mirada de Daniel.
—Escúchame, por favor… Ella quería matarme. Me dijo que…
No alcancé a terminar. Daniel me golpeó con una cachetada tan fuerte que el mundo se detuvo por un segundo. Era la primera vez que me golpeaba.
Y sentí que había perdido cualquier esperanza
—¡Estás loca! —me gritó, con el rostro deformado por la furia—. ¿Cómo se te ocurre pegarle y amenazarla? Nunca te voy a perdonar esto.
Mi suegra me jaló del brazo con brutalidad, clavándome los dedos en la piel, y me empujó hacia el suelo frente a Noelia.
—Pídele perdón de rodillas.
Noelia me miró desde arriba con una sonrisa triunfante. Sabía que, pasara lo que pasara, ella siempre ganaría.
—Lo… siento —tartamudeé, con la voz rota.
La hermana de Daniel se acercó con una sonrisa burlona.
—No creo que sea suficiente castigo. Ella te pegó una vez, así que lo justo es que Noelia le devuelva el golpe siete veces. ¿Verdad, Daniel?
Lo miré suplicante, aún aferrándome a la absurda esperanza de que me protegiera.
Él asintió con la mandíbula tensa.
Noelia no esperó ni un segundo. Me cruzó la cara con su anillo al revés, justo sobre la cicatriz. El dolor fue cegador. Antes de que pudiera reaccionar, me golpeó de nuevo.
«¿Qué estoy haciendo con mi vida?», pensé mientras el ardor me quemaba la mejilla. «¿Dejaré que acaben conmigo si ellos quieren?»
Cuando Noelia levantó la mano por tercera vez, una voz profunda y autoritaria resonó en el jardín, cortando el aire como un látigo:
—¡¿Qué diablos está pasando aquí?!
Luciano había llegado.







