Capítulo 37
Entramos al despacho del abuelo en completo silencio.
Nadie ocupó su asiento. Ver aquella silla vacía hizo que un nudo se formara en la garganta.
El abogado acomodó varios documentos sobre el escritorio y esperó a que todos tomáramos asiento.
Luciano quedó frente a mí. Intenté no mirarlo.
Recordar la promesa que le había hecho al abuelo era suficiente para obligarme a mantener la distancia.
El abogado aclaró la garganta.
—El señor Bustamante dejó instrucciones muy precisas respecto