El alba había teñido los cielos de tonos dorados cuando Sariah partió del Templo del Recuerdo. Su figura, envuelta en la capa escarlata de los portadores, avanzaba al frente de una pequeña comitiva elegida con precisión: Tharos, el viejo centinela marcado por el tiempo; Nevara, una vidente del clan del Silencio; y Arix, el cartógrafo de los clanes del norte, que hablaba con las montañas más que con personas.
Atrás quedaban las cámaras ceremoniales y las puertas cargadas de historia. Adelante, s