El viento soplaba distinto en las tierras centrales. Era un murmullo persistente, como si alguien susurrara a través de las hojas secas. Sariah lo notó en cuanto cruzó el umbral del nuevo templo. Ya no era solo la Raíz del Tiempo lo que vibraba en su interior: ahora era la presencia de algo que no pertenecía a esta era. Algo que se movía en las grietas de la memoria, en los márgenes de lo nombrado.
Los escribas comenzaron a registrar extraños símbolos en sus sueños. Algunos despertaban con tint