La advertencia de la niña no fue tomada a la ligera. No por Sariah. No después de todo lo que había presenciado en el Árbol del Tiempo. Desde aquella tarde, la biblioteca del templo —ahora convertida en un archivo vivo— se llenó de buscadores, sabios y guardianes revisando códices, mapas, y crónicas olvidadas.
La descripción del “animal con alas de hueso y un ojo de oro” resonaba con un mito sepultado hacía más de dos mil años: la Bestia del Umbral, un ente pre-lunar, anterior a la guerra entre