El crujido del mundo se sintió como un lamento antiguo. Cuando Sariah atravesó la grieta, no cayó ni flotó: fue absorbida. Cada célula de su cuerpo sintió la distorsión del plano entre realidades. El aire allí no era aire; era memoria, era residuo, era esencia.
No existía un suelo fijo ni un cielo constante. Todo parecía moverse con la lógica de los sueños: una torre en el horizonte podía desvanecerse al parpadear, un río fluir en espiral ascendente, los árboles respirar y cantar nombres olvida