El aire era distinto más allá del Bosque Carmesí.
Serena lo sintió apenas cruzaron el umbral de la tierra prohibida. La vegetación se volvía más densa, como si los árboles quisieran mantener alejados a los intrusos. A su lado, Kael caminaba en silencio, los sentidos aguzados, y detrás de ellos, Ilka cerraba la marcha con su daga lunar ya desenvainada.
—¿Estás segura de que está aquí? —preguntó Kael.
—Lo sentí en mis sueños —respondió Serena, sus dedos tocando el colgante que había empezado a pa