La noche cayó como una profecía cumplida.
El cielo, antes tapizado de estrellas, se volvió un velo opaco teñido de rojo. La Luna Roja se alzó, inmensa, como un ojo antiguo observando el mundo con juicio implacable. En las tierras de Liria, todos los lobos sintieron el cambio. La magia vibró en la sangre de los licántropos como un tambor de guerra.
Serena, vestida con la túnica ceremonial blanca con bordados lunares, emergió del santuario central del Palacio de Piedra. La corona de la Reina Luna