Darian
El rugido salió de mis entrañas antes de poder contenerlo.
—¡Lysandra! —pero ya era tarde. La chamán tenía el cuenco de barro bajo la mano de Ethan, recogiendo cada gota de ese líquido dorado que no debería existir.
—Sangre de sus adoradores —declaró ella, y el mundo se detuvo. Observé cómo la sangre de Ethan giraba en espirales que dibujaban raíces en el aire. Mis propias cicatrices ardieron, como si el nombre de esos espíritus malditos activara algo en mi carne—. Tus ancestros pactaron