Ethan
—¿La verdad? —preguntó. El olor a whisky salió a ráfagas de la cabaña, mezclándose con el moho de las paredes.
Entré sin invitación. La habitación era un reflejo distorsionado de mi infancia: el mismo sofá raído donde me leían cuentos, ahora cubierto de botellas vacías.
—¿Cuándo te uniste a ellos? —pregunté, quitándole una botella de las manos. Él no se resistió—. ¿Antes de que mamá muriera? ¿Después?
Gregory se dejó caer en el sofá, alcanzando otra botella medio vacía de whisky. Bebió un