Mundo ficciónIniciar sesiónALFA RHYDAN
El viento olía a hierro y a ceniza. El mismo olor que me quedó en la garganta el día en que rechacé a Laurenth. El mismo olor que nunca se fue. Ahora estaba otra vez en la sala del consejo, con Zarina frente a mí y los ancianos a los costados. En mi mano, un papel doblado en tres: el acta de divorcio.
Lo desplegué despacio sobre la mesa.
—Los reuní aquí para informarles que me divorci






