KAELAN
El silencio del despacho era espeso.
El fuego ardía en la chimenea, lanzando sombras doradas sobre las paredes de piedra.
Rhydan estaba de pie frente a mí, la espalda recta, el ceño fruncido.
Aún llevaba el aroma de su compañera y la energía vibrante de un vínculo recién sellado.
Una mezcla de poder y calma que solo los verdaderos alfas poseen cuando encuentran su alma gemela.
—¿Me llamaste, Kael? —dijo, su voz profunda, aún ronca por la noche anterior.
Asentí, dejando el informe sobre l