ARIS
La noche era espesa, apenas interrumpida por el resplandor de la hoguera que ardía afuera de mi cabaña. El silencio solo era quebrado por el crujido de la leña y el respirar acompasado de Zarina, tendida desnuda entre las sábanas revueltas. Su rostro parecía tranquilo, aunque la marca rojiza en su cuello hablaba de la mano que intentó asfixiarla. Mi hermano menor había osado tocarla.
Pasé los dedos por aquella marca, sintiendo cómo mi rabia hervía otra vez. Si Rhydan no fuera necesario aún