El silencio que quedó fue bueno. Thiago sostuvo la caja roja entre las manos como quien sujeta un secreto tibio.
—¿Qué es esto?
—Chocolate —dijo Valeria, con una seriedad teatral.
—¿De los que engordan?
—De los que salvan días.
Se la pasó. Él tiró de la cinta. Dentro, el papel manteca, la ecografía, el gorrito mínimo y la tarjeta. Thiago los miró, uno por uno, como si fueran significados antes que objetos. Releyó la tarjeta, más de una vez.
—“Cuando escuches el segundo latido, prométeme que no