El avión descendió sobre Zúrich con esa calma de ciudades que saben guardar secretos bajo la nieve. Thiago apoyó la frente en la ventanilla y dejó que el aliento empañara el vidrio por un segundo. El mensaje que le había enviado la noche del veredicto seguía clavado en la mente como una promesa que se debía a sí mismo: “Tenemos nuestra victoria. Pronto estaré con ustedes.”
Esta vez, “pronto” había sido literal. El agente Andújar lo empujó hacia el aeropuerto casi a patadas amistosas: “Vete. Aqu