—Tenemos que hablar —dijo Thiago, abriendo la puerta de la oficina sin golpear.
Valeria levantó la vista al mismo tiempo, con un sobre abierto entre sus dedos enguantados y la expresión tan fría como un bisturí recién esterilizado.
—Perfecto, porque yo también tengo algo que decirte —replicó, cruzando la mirada con él.
Thiago cerró la puerta detrás de sí. Se veían distintos. Él, con las sienes tensas y los labios apretados como si no supiera por dónde empezar. Ella, aún en su bata blanca encima