Valeria no estaba segura de por qué había aceptado. Tal vez porque era la única manera de hablar sin filtros, lejos de ojos curiosos y oídos traicioneros. O tal vez porque, en el fondo, quería verlo.
El hotel no era ostentoso, pero sí discreto. Tenía una entrada privada, el lugar perfecto para un encuentro entre millonarios y sus amantes secretas. Al llegar a la habitación quedó impresionada por su tamaño y la hermosa vista a la ciudad iluminada. Ella llegó primero. El corazón le latía con fuer