Desperté tarde, mucho más tarde de lo que hubiera querido. Mi cuerpo estaba pesado, como si el cansancio de todas las noches sin dormir se hubiera acumulado y recién hubiese encontrado el lugar exacto para soltarlo. No recuerdo cuándo fue la última vez que dormí así, profunda y sin miedo a soñar.
Al abrir los ojos, el primer reflejo fue extender mi brazo hacia el costado, buscando el calor de Alex en las sábanas revueltas. Pero no lo encontré. La cama estaba fría, desordenada todavía por lo que