Después de aquel silencio compartido en la habitación, Alex fue el primero en romper la calma. Se movio lentamente de la ventana y se pasó una mano por el cabello, respirando hondo. Lo vi dudar por un instante, como si no supiera qué hacer a continuación, hasta que me miró con una media sonrisa cansada.
—¿Quieres bajar a cenar? —preguntó, y su voz tenía un matiz distinto, más suave que otras veces.
Lo observé un segundo. No era hambre lo que hablaba en él, lo supe de inmediato. Era el deseo de