Él sonrió, pero había algo en sus ojos, que delataba un pensamiento lejano. Levantó su copa, la hizo girar suavemente. Me miró con una intensidad que me hizo contener el aliento.
–"¿Todas las chicas?” – , repitió, como saboreando las palabras. Asintió lentamente. Sí, salía con alguien en la universidad. Cosas sin importancia, nada formal.
Hizo una pausa, su mirada se perdió un instante en el vapor que salía de la olla
– "La verdad es que mi corazón... ya tiene dueña" – , confesó, mirándome directo a los ojos.
Se hizo un silencio en la cocina, sólo se escuchó el burbujeo de la comida. Sentí un vuelco en el estómago. –
No podía dejar de pensar en que su corazón tiene "dueña" –¿Quién sería?. ¿Por qué estaba aquí si su corazón ya pertenecía a otra? Pero, al mismo tiempo, había algo en su tono, la forma en que me miraba, no me hizo sentir por completo desilusionada. Más bien, la intriga me invadió.
Me miró con curiosidad, una sonrisa amable, pero con una chispa juguetona en los