capítulo 30

El primer rayo de sol de la mañana se filtró por las pesadas cortinas del departamento en Queen Anne, pintando una línea dorada sobre la cama. Amanda abrió los ojos lentamente, sintiendo el peso reconfortante y cálido de un brazo rodeando su cintura. Estaba abrazada a Máximo, su rostro hundido en el hueco de su cuello.

​De inmediato, flashes de la noche anterior comenzaron a proyectarse en su mente: el vapor de la ducha, la urgencia de sus manos, la forma en que él la había sostenido como si f
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