CAPÍTULO 8
Catarina miró el reloj digital del microondas como si fuera una bomba de tiempo que ya había detonado. Eran las siete y media de la noche.
Llegaba dos horas y media tarde a su primera cita de trabajo con Sebastián.
Se había pasado las últimas dos horas sentada en el suelo de su cocina, abrazada a sus rodillas, mientras al otro lado de la pared se escuchaban los ruidos inconfundibles de una mudanza.
No tenía opción. Quedarse allí era condenarse a la locura. Se levantó, sintiendo que