CAPÍTULO 7
Catarina llegó a la editorial a las nueve en punto. Llevaba una blusa azul eléctrico y el cabello recogido en un moño tenso, como si intentara poner orden en el caos que sentía por dentro.
Apenas dejó su bolso sobre el escritorio, Lucrecia, una de sus compañeras de corrección, se deslizó hacia ella con una expresión que mezclaba la curiosidad con el espanto.
— Catarina, menos mal que llegaste —susurró Lucrecia, fingiendo revisar unos folios— ¿Qué pasó ayer cuando nos fuimos del bar?