CAPÍTULO 79
Gabriel dejó la copa vacía sobre la mesa de centro y se puso de pie, estirando los brazos con su habitual soltura. Se abotonó la chaqueta, adoptando una postura mucho más sosegada.
— Bueno, amigo mío, creo que mi tiempo aquí ha concluido por hoy —dijo Gabriel, ofreciéndole una sonrisa que ya no tenía ningún rastro de competitividad ni de coquetería— Ha sido una velada... sumamente reveladora. Me voy antes de que decidas cobrarme honorarios por la lección de vida.
Sebastián se apartó