CAPÍTULO 80
Sebastian llegó a su despacho a las siete de la mañana, una hora antes de lo habitual. Se encontraba nervioso y ansioso.
A las ocho en punto, el timbre del ascensor anunció la llegada de Catarina.
Entró en la recepción irradiando una energía que dejó a Sebastián momentáneamente sin aliento. Llevaba una falda plisada color arena y una blusa de seda azul marino que contrastaba maravillosamente con las mechas miel de su cabello.
— Buenos días, jefe —saludó ella, entrando a su despacho