Iba abrazada a él en el auto. Lo oía suspirar mientras jugaba con mis manos, beso mi cabello y cerré los ojos. Lo amaba. Nunca había acabado a nadie de esa forma, de ninguna manera lo sabía entonces que lo amaba a él. Me parecía injusto que fuera precisamente el enemigo de mi familia. Que las cosas se dieran así.
—No tienes que hacer maleta, puede comparte lo que sea donde sea—dijo besando mi cabello.
—Me quieres consentir mucho.
—Sí bebé.
—¿Cobrarás las deudas de mi familia?
Me soltó y tomo mi