—¡Buenos días, guapo! —dijo la chica revolviéndose entre mis sábanas.
Siendo honesto, no recordaba su nombre, ni su rostro, me reprendí por haberla llevado a mi apartamento, lo hice por salir del lugar y no ver más a Gael. El maldito Gael estaba insoportable.
—¡Puedes irte! Yo debo salir en un par de minutos —le avisé.
Ella se quejó y cuando me acerqué más, noté que era Amanda, siempre detrás de mí, pues finalmente me la llevé a la cama, gran estúpido. Era la mujer más irritante de la ciudad, ah