Luzma Hoffmann
No podía moverme porque estaba esposada de pies y manos. Las cadenas eran frías y pesadas, mordiendo mi piel con cada intento de liberarme. No veía absolutamente nada porque la habitación estaba oscura, un vacío que aumentaba mi desesperación. Gritaba, mi voz resonando en el silencio, pero nadie me escuchaba. El eco de mis propios gritos era lo único que me respondía.
Las lágrimas corrían por mis mejillas mientras me preguntaba dónde estaba Damon, dónde estaban mis hijos. El