Damon Chrysler
Cuando Luzma no llegó a la oficina después de dos horas de haber salido antes que yo, comencé a preocuparme. Era raro que no me avisara de algún retraso. Intenté llamarla varias veces, pero su teléfono seguía sin señales de vida. Una inquietud creciente se apoderó de mí, y mi corazón latía con fuerza. Sabía que algo no estaba bien.
—Vamos, Luzma, contesta el teléfono, — murmuré para mí mismo, escuchando el tono de llamada que se cortaba después de unos cuantos timbrazos. La