Durante los días siguientes, Daniel empezó a moverse con cautela, evitaba hacer llamadas desde su celular, usaba cafés diferentes, no hablaba con gente que no conocía.
Pero aunque él tomaba todas las precauciones, sin saberlo, estaba siendo seguido, un par de hombres lo observaban a distancia, anotando cada paso, cada gesto y cada persona con la que se cruzaba.
Daniel caminaba por la acera intentando mantener el rostro de solemnidad que lo caracterizaba, había encontrado una pequeña solución,