Al día siguiente, Lena se levantó tarde con la decisión de continuar con esa boda, que sería a las cuatro de la tarde. Tocaron la puerta y, entusiasmada, caminó hacia ella y abrió.
—Mi niña, deberías bajar a comer. Falta una hora para que llegue la maquilladora y te alistes para tu boda —habló la ama de llaves.
—Me cambio de ropa y bajo Daria.
La anciana le dedico una sonrisa, mientras la veía meterse en el baño. Le daba lástima esa joven; no entendía por qué su madre era tan fría con ella. Pare