Después de cuatro meses de recuperación, Lena se despidió entre risas y lágrimas del personal del centro clínico. Tomó un taxi y pidió que la llevaran al único lugar donde recordaba haber sido feliz. El viaje duró más de una hora, hasta que el vehículo se detuvo frente a una pequeña cabaña.
Al salir del carro, un nudo le oprimía el pecho, ahogándola en nostalgia. Avanzó hacia la puerta cerrada, pero no tenía llave: había quedado en el bolso aquel día del accidente. Forcejeó con la cerradura has