El viento helado cortaba el paso de Lena mientras sus pulmones ardían, ahogados por el miedo al ver a su hija inmóvil entre sus brazos. "Dios, por favor, que no tenga nada grave mi pequeñita", rogaba en silencio, con el corazón acelerado golpeándole el pecho. Un gemido escapó de su garganta ante las imágenes que se desataban en su mente: "¿Por qué mi vida se ha convertido en una tragedia? ¿Por qué mi vida tiene que estar ligada a este juego perverso?"
En el camino, vio a un grandulón que avanza