Fuera de la casa, Tomás llegó justo en el momento del disparo. Aterrado, sacó su teléfono y marcó el número de la policía con dedos temblorosos. Uno de los hombres de Fabricio, que vigilaba los alrededores, vio al extraño con el teléfono en la mano y corrió a informar a Fabricio.
—Jefe, hay un tipo afuera hablando por teléfono —susurró, conteniendo el aliento.
Fabricio maldijo entre dientes y, con un gesto brusco, ordenó a sus hombres:
—¡Salgamos de aquí! ¡Ahora! —El grupo huyó sigilosamente po