Antonella.
Mis lágrimas comenzaron a brotar sin control mientras observaba a mi pequeño. Todo había ocurrido tan rápido. Nunca me había sentido enferma, pero de repente mi presión arterial se disparó sin previo aviso. Ahora solo podía ver a mi bebé sin poder tocarlo. La enfermera lo sostenía en brazos mientras salía apresurada de la sala, asegurándose de mantenerlo a salvo. Yo solo sentía náuseas mientras los médicos seguían trabajando en mí, después de realizarme la cesárea, al parecer mi cuer