Antonella
Después que la boda terminó, nos quedamos recibiendo los saludos de la familia de Dante y de algunos amigos de su madre. Él tenía a nuestra hija en brazos mientras sonreía amablemente a cada uno que se acercaba a felicitarnos. Se le notaba orgulloso, tranquilo. Yo, en cambio, intentaba mantener la compostura a pesar de la marea de emociones que me inundaba.
La madre de Dante se acercó a mí y me dio un fuerte beso en la mejilla.
—Felicidades, querida —susurró con cariño, mientras acari