Capítulo 37

Antonella

Entré lentamente a la habitación de Dante. Al principio me extrañó no verlo ahí. El silencio reinaba, apenas interrumpido por el sonido de la lluvia que comenzaba a golpear con fuerza los ventanales. Un relámpago iluminó por un instante el pasillo, y fue entonces que lo escuché. Un llanto ahogado, desesperado, provenía de la habitación contigua. No necesité pensarlo mucho, supe de inmediato que era la habitación de su hija difunta.

Con el corazón encogido empujé suavemente la puerta.
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